Pandemia, mercado y cuidados

Por Adrián Cirilo INSTAGRAM: @adciral || TWITTER: @adciral

Hay cierto consenso en afirmar que esta pandemia ha desvelado las deficiencias del sistema capitalista y las políticas privatizadoras y, a su vez, la crucial importancia de la inversión estatal, las políticas públicas y el mantenimiento del bienestar general de la población. Gracias a estas, la sanidad ha sabido mantenerse en pie frente a la enfermedad, muchos trabajadores y empresas han conseguido salir adelante gracias a las ayudas y subvenciones proporcionadas, y las propias farmacéuticas han logrado en poco tiempo fabricar las primeras vacunas gracias a la financiación de los gobiernos. Además de eso, en la Unión Europea se alcanzó un acuerdo para realizar una inyección económica de cantidades muy importantes a los países miembros para afrontar la crisis de la pandemia y reestructurarse, a pesar de que hasta hace muy poco se exigían medidas de ajuste y austeridad y el progresivo pago de una deuda ad infinitum.

Entre las reformas que se piden desde diversos sectores sociales, se encuentra la de Sanidad, para adecuarla a futuras pandemias y, además, para hacer frente a lo que se denomina como ‘la otra pandemia’: la de las secuelas mentales producidas por el confinamiento, las restricciones de libertad, la crispación política, la llamada infodemia y la constante incertidumbre socioeconómica a la que estamos sometidos desde hace años, hoy más con la COVID-19. Esta situación hace necesaria, más que nunca, una profundización en el Estado de Bienestar y, en su lugar, la superación de este por parte de una sociedad de los cuidados.

La economía feminista, principal promulgadora de esta economía de los cuidados, se ha caracterizado por destacar cómo el capitalismo es un sistema construido a espaldas de la vida y su reproducción, algo observable en la desigualdad que sufre la mujer al tratarse un sujeto de difícil amoldamiento al sistema de mercado. La economía feminista visibiliza estas desigualdades y, a la vez, certifica cómo el capitalismo es incapaz de hacerse cargo de la reproducción social, algo que se constata en la invisibilización del trabajo de cuidados, algo que paradójicamente ha sido y es esencial para que ese sistema económico siga funcionando. Esto hace que desde las corrientes feministas se considere al capitalismo como un sistema apartado de la vida y únicamente centrado en la producción y desarrollo de sí mismo. Al destapar esta realidad, desde el feminismo no solo se está señalando la desigualdad a la que las mujeres han estado y se encuentran sometidas debido a los roles de género asignados, sino que también hace que queden reflejadas las deficiencias y características ocultas del capitalismo, desvelando un sistema totalmente despreocupado de toda actividad humana que no se pueda mercantilizar y poniendo a la vez en la palestra la importancia del cuidado y el bienestar desinteresado de cualquier relación mercantil. Es por ello por lo que, desde estas corrientes, se reivindica el papel de la reproducción de la vida en el hogar como esencial y proyectable al resto de ámbitos de la sociedad.


El neoliberalismo, lógica racional del capitalismo, funciona como un sistema totalitario invisible fabricando desde hace décadas al sujeto homo oeconomus, un sujeto venido al mundo por y para satisfacer la lógica de la economía del capital y adoptar dicha lógica para sí mismo y su vida personal e íntima, resultando en una insatisfacción únicamente aplacable mediante el consumo de bienes y servicios: insatisfacción que, lejos de ser colmada, es primordialmente requerida para dar continuidad al sistema de consumo. El sujeto está deprimido, es depresivo, individualista y carece de certidumbre de cara al futuro debido a las crisis económicas, la cada vez más temprana caducidad de lo establecido y la exigencia de continua renovación.

Tal vez el Estado, visto como el principal productor neoliberal y empequeñecido frente a los poderes económicos, no pueda garantizarnos un sistema de bienestar en condiciones, por lo que conviene ir construyendo desde abajo una especie de agente cívico-social que devuelva a la sociedad civil el poder que se le fue sustrayendo por parte de aquel. Lo que queda claro es que el cuidado es valor fundamental para resistir los embates del régimen económico y para llevar a cabo cambios que resulten en un verdadero progreso social, ético, político y económico.

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