Aceleración y alienación

Una reflexión sobre la aceleración en tiempos tardomodernos

Adrián Cirilo || @neofilosofia [Instagram] @adciral [Twitter]

En su ensayo Alienación y aceleración (2016), el sociólogo Hartmut Rosa expone y
reflexiona sobre los distintos tipos de aceleramiento que cree que tienen lugar en las
sociedades occidentales y trata de probar su existencia mediante planteamientos teóricos,
pero también prácticos, de tal manera que podemos ver reflejadas sus teorías en nuestra
vida cotidiana. Las características de la modernidad, para Rosa, están impulsando la
aceleración de nuestra vida social, impulsada por diferentes mecanismos como el avance
tecnológico o la cultura de la competencia, provocando un encogimiento del presente y
la constante sensación de que carecemos de suficiente tiempo.

Esta aceleración provoca a su vez situaciones contrarias y disfuncionales en forma, por
nombrar algún ejemplo, de enfermedades: la depresión, enfermedad característica de
nuestras sociedades, viene a ser una respuesta involuntaria que manifiesta el agotamiento
social por los cambios que la aceleración social y la exigencia de competir intentan
provocar en los individuos, los cuales ya no toleran su ritmo de vida a la vez que son
señalados como incapacitados e inservibles mediante la misma lógica de la competencia,
la cual enarbola la cultura del esfuerzo y el sacrificio como valores fundamentales de los
que aquellos, incapaces de aguantar el ritmo, prescinden por falta de compromiso o
resiliencia.

Además, Rosa cree que a causa de la aceleración se están dando diversas formas de
alienación: estamos dejando de sentirnos identificados con lo que nos rodea, con el mundo
material y social y con nosotros mismos. El otro día vi Passengers, una película que, si
bien en mi opinión es algo mediocre y peca de clichés, plantea algún que otro dilema
interesante. El protagonista, mecánico de profesión, tenía una conversación donde
justificaba su viaje a otro planeta habitable: en la Tierra lo que se rompe no lo arreglas,
lo sustituyes. No es ficticio o lejano lo que plantea: está describiendo una característica
de la realidad en la que no hemos ido sumiendo. La conexión que establecemos con la
casa en la que hemos vivido décadas, la nevera que sigue allí o la chaqueta que nos
ponemos desde hace diez años no es baladí, forman parte de nuestra identidad, y la lógica
del capital, consumir antes que reparar, incluso sustituir antes de que ningún problema se
haya presentado en el objeto (lo que Rosa llama “consumo moral”), está imponiéndonos
un persistente desapego con respecto a todo lo que pasa por nuestra vida, algo que en
cierto sentido también ocurre con las relaciones interpersonales.

Gracias a las nuevas tecnologías, las nuevas formas de mantenernos comunicados y
relacionarnos y la masificación de las urbes, nos encontramos cada vez más
interconectados unos con otros. Sin embargo, esto lleva parejo un agotamiento social por
el cual no tenemos fuerzas ni tiempo para todo el mundo, lo que provoca que nuestra
calidad de relaciones empeore significativamente, ya que tratamos de evitar la
implicación del Yo en la vida de los otros en la medida de lo posible y viceversa. Es por
ello por lo que hoy en día abundan, cada vez más, las relaciones de carácter superficial y
de poca implicación emocional, durabilidad escasa, y ajenas al compromiso. Un campo
que está induciendo cambios a la hora de relacionarnos es el de las redes sociales, donde
resulta interesante comprobar cómo tienen más éxito aquellas aplicaciones cuyos
formatos destacan por una limitación de la información a comunicar (véanse apps como
Instagram o TikTok, con la primacía de la imagen como manera de comunicación, o
Twitter con sus 280 caracteres, antes 140), los cuales obedecen, sin ningún género de
duda, a una progresiva dinámica de conversión de la comunicación, donde las sensaciones
que provoque ésta a la hora de establecerse prevalecen sobre la calidad y cantidad de
información. Este proceso convierte a estos medios en un caldo de cultivo ideal para la
propagación de noticias falsas y mensajes propios de las políticas de la posverdad. Porque,
¿Qué mejor hábitat para la posverdad que los eslóganes y discursos breves que apelan a
la emoción de un público aletargado por la cantidad de inputs a los que está sometido en
su día a día?

Todo ello en conjunto tiene que llamarnos, al menos, al cuestionamiento del ritmo de los
procesos económicos y productivos. La aceleración de los ritmos de vida no nos permite
alcanzar un horizonte de bienestar ni como individuos ni como sociedad, lo que hace
necesario plantear sendas alternativas a esta por la que caminamos.


Adrián Cirilo


Bibliografía: Rosa, Hartmut (2016) Alienación y aceleración: Hacia una teoría crítica
de la temporalidad tardía. Katz Editores. Madrid.

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