El deseo y el miedo: dos caras de la misma moneda

Por: Jose M. Caseres |

Esta afirmación de ser cierta, implicaría que a todo miedo le deberá anteceder un deseo. Que únicamente, la mujer que desea ser madre es la que puede tener el miedo de no serlo, ya que no se puede tener miedo de aquello que no se desea. Tanto el miedo como el deseo son siempre inconscientes e involuntarios a la razón humana. Son parte de nuestro cerebro primario, el que contiene la información genética que se ha ido replicando desde el origen mismo de la vida. Atendiendo que los deseos o al menos, la intensidad o particularidad a la que nos vemos sometidos, es arbitraria y por supuesto inmutable a la intencionalidad humana, así los miedos, fluctuarán proporcionalmente a los deseos de cada individuo. De lo que podemos deducir, que en una sociedad gobernada íntegramente por el yo quiero (deseo), se verá sometida a una cantidad por igual de yo no quiero, (miedo).

Si la moral que representa la voluntad consciente del hombre, pretende poner en contexto la convivencia humana como falsa gobernabilidad sobre los deseos, esta se verá abocada a una confrontación permanente, donde la intención perderá siempre. Esta lucha entre lo individual y lo colectivo, deseos versus moral, hace que los miedos se hayan convertido endémicamente, en el arma arrojadiza de la moral contra lo individual.

Si analizamos el contexto actual en la sociedad occidental, infantilizada y sometida tanto al yo quiero, como al no quiero y eludiendo la muerte como una razón ineludible de la vida, se estará negando su propia existencia a través de banalizar la razón. Lo paradójico, es que todo este macro individualismo disfrazado de empatía, se ha convertido en la nueva filosofía dominante, la emotividad; donde querer se transforma en ser y querer a cualquier precio, se convierte en un cheque en blanco para el usufructo del miedo, que se retroalimentará no de aquello que deseamos obtener, sino más bien, de aquello que no deseamos perder. El humano está aprendiendo que ya no precisa de moral alguna para obtener lo que desea de otros; lo puede adquirir desde el miedo a través del deseo. Así, aquellos que deseen someter a la masa, utilizarán el miedo como desintegrador de cualquier otro orden social, puesto que incapaces de abandonar el deseo siempre tan atrevido, el enemigo será todo aquel que me impida obtener lo que deseo o amenace lo que ya tengo. Toda una esquizofrenia colectiva desde la tiranía de lo individual. 

¡Querer no poder!

Nos vienen tiempos de populismo exacerbado.

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