¿Fuiste participe?

Por: Aurora Ortega Tello| @Aotello

[Ilustración de la autora]

Años después de la pandemia del coronavirus de 2020, en Madrid, podemos ver cómo el abandono ha cambiado totalmente la ciudad. La vegetación y la fauna han dominado esta; ahora, vemos edificios, vehículo e infraestructuras totalmente deterioradas.

Esto sucedió aquel lejano año tras un vano intento de recuperar la normalidad. La gente, tras meses confinados en sus casas comenzó a salir, a esto se le llamó la desescalada. Este hecho propició que todas las personas que, decían cumplir las normas, salieran de una manera poco segura.

Además de ser una reconstrucción de la normalidad demasiado pronta, las personas comenzaron a tornarse egoístas. Estas salían sin las medidas de seguridad provistas, comenzaron a excusar dichas maneras diciendo que no eran necesarias, que aún así cumplían la normativa. Tachaban las normas de innecesarias y estrictas cuando semanas antes de echaban las manos a la cabeza por la tardía reacción del gobierno del país. Jugaban a ser pillos, pensando en buscar la manera de saltarse la ley, buscando vacíos legales y/o haciéndolo sin llamar la atención. Por esto, egoístas.

Todos querían, pero no de esa manera.

Tras tanto tiempo de confinamiento y ya habiendo perdido tanto pero habiendo ganado otro poco de responsabilidad, de lucha, de costumbres y de acostumbrarse a la nueva situación, creíanse con el derecho de salir nuevamente en masa a las calles de la ciudad, olvidando todo lo aprendido. Niños, mayores, personas en riesgo por diferentes situaciones ya daban igual con tal de poder volver a salir y ver la ciudad menos muerta.

Muchos otros eran los que seguían pensando en todo lo que había acontecido. Tantas muertes y tanto sufrimiento de familias alejadas o de sueldos frustrados. Tantos trabajos perdidos y tanto tiempo.

No costaba mucho salir a la calle con mascarilla, con una distancia, no social, pero si física, con unos guantes que te protegieran del virus, no costaba aguantar ya pasado tanto tiempo, un poco más.

Todo esto, todo este paso atrás por no pensar en el futuro y vivir, en ese momento el presente real, ese presente que muchos habían olvidado por su ajetreada vida ciega que no dejaba disfrutar de los pequeños momentos que la vida nos ofrecía, todo, hizo que la paz momentánea que hacía ver la luz al final de un túnel nunca antes tan duro, hizo que todo muriera.

Pasó un tiempo, donde la vida parecía tomar la normalidad soñada, pero duró poco. Todo esto hizo que el virus, la pandemia, volviera otra vez, que repuntaran curvas que se veían cada vez más planas y que lo que en un principio se creía cercano y corto, tornara otra vez en una vuelta atrás aún más dura.

¿Qué nos costaba aguantar un poco más? ¿Qué nos costaba esperar un tiempo más? Fue entonces cuando el descontrol se adueñó de todo. Las personas que ya veían el final cercano se hundieron aún más en un pozo del que nunca saldrían.

Miles de personas más fallecieron, miles de luces se apagaron y miles de minutos se perdieron finalmente por no haber cumplido lo que en aquel entonces, ya debía estar como cotidianidad.

Y así vemos ahora nuestra querida ciudad, abandonada y pérdida de una vida, que no supo adaptarse a lo que el mundo pedía, un parón y una nueva normalidad.

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