Realidades alternas

Anónimo

En un país extraño más que extranjero, te ví bailar… lo hacías tan candente que había quienes te fulminaban con mucha frustración… tu sonrisa y mirada evocaban al cosmos. Habían luceros que desgarraban tus ropas con furor, otros arañaban tu espalda plasmando veredas, casi paralelas, de felinos; había quienes de plano estaban absortos que no se intuía qué hacían de ti, pero no estaban en ellos mismos, ni en ellas que eran impulsadas a tomar con firmeza el colibrí en su interior, o mordisquear sus orejas susurrando; tus movimientos incitaban al erotismo más pulcro y salvaje, al más estilo primigenio del tletl… tus manos alzadas y onduleando el ambiente se cruzaban para acariciarse a sí mismas como úntandose aceite, parecían cobrar vida propia, no estaban sujetas a la mente, ni siquiera al cuerpo, recorrían la piel a su antojo, una apretaba con fuerza el cuello que el rostro ipsofacto enrojecía mientras la otra con sólo el medio incandescente, imperceptible, se desplazaba sobre tus muslos resguardados por tu falda de jade deteniéndose en el botón, hermoso brote floral que extiende el tiempo y cuestionaba la locura de la razón y todos a tu rededor inhalaban profundamente, en latencia… cayendo sus párpados sobre la humedad para dar paso a la petite mort; era hora de acercarme, tomar tu vientre por detrás, impulsarte al vuelo, desplazarte por los aires entre las ramas de los árboles, subir el basamento piramidal trotando, llegar a la cúspide con pasos levitados, acostarte sobre la piedra frente al amanecer… tu cuerpo era una meseta -con finas sinuosidades- donde até tus manos, estiré tus brazos como tu al tiempo, vendé tus ojos de la razón como tu a la locura, rasgué tu blusa buscando mi alimento de ti, mis manos ya no me pertenecían, abrí el compás de tus piernas y con un silencio deslicé mi hálito a través de tu piel, mis llemas se paseaban por todos tus senderos cautelosamente, como felinos a punto de dar zarpazos, moder el cuello… succionar tu savia con mis labios de tus labios que exhalan el aliento de estas palabras y acuden inmoladas, purificadas a tu despertar…

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