Ruido

Por: Rosa Vázquez Dichas| @dichitas

No sabría como empezar este texto si no me encontrara en silencio. Uno empieza a valorar la soledad cuando cree perderla, y curiosamente, algunos la temen tanto porque nunca han aprendido la labor tan importante que supone conocerse. Seguramente muchos me dirán que mis afirmaciones son mentira, porque nunca nadie llega a conocerse del todo, y puede que tengan razón. Pero yo considero que no es tan importante lograr un conocimiento perfecto de uno mismo, sino que en el camino del descubrimiento de cada esencia única podamos encontrar nuestro profundo potencial. 

Al contrario de la visión típica del escritor, mi punto de vista acerca de la realidad del mundo en el que vivimos no es pesimista ni decadente. Nunca me han gustado las personas que piensan que las acciones individuales no tienen ningún valor, porque en mi opinión, si no fuera por éstos pequeños detalles, la realidad sería completamente insufrible. No hacer que la vida sea una constante queja no significa no gritar cuando vemos una injusticia, o no ser consciente de que hay muchas cosas por cambiar. Es fácil quizá no lamentarse cuando la vida te da todas las facilidades suficientes para ser feliz. Pero los extremos nunca fueron la solución, ya que el ser humano necesita límites para sobrevivir, y si no los tiene, el caos se apodera de nosotros sin ni siquiera darnos cuenta. 

Pensamos continuamente en consumir, en vivir sin parar, rápido, acelerados, y con las prisas como único motor de la existencia. No conozco ningún genio que no haya necesitado muchas horas para brillar, y es ahí precisamente dónde reside el principal problema de nuestra ausencia de profundidad, ya que creemos no necesitar espacio ni tampoco tiempo para conseguir llegar a un amplio círculo de personas. Con las redes sociales, la inmediatez es más que nunca nuestro combustible, la potente fuente de energía que aparentemente nos mantiene conectados. ¿Pero existe realmente hoy en día la conexión verdadera, con uno mismo y con los que nos rodean? ¿No será nuestro principal problema que no tenemos tiempo para canalizar nuestras emociones porque pensamos que es más fácil distraer nuestra atención con la pantalla más cerca de nuestro alcance? 

Los griegos la representarían como la tragedia del siglo XXI, un teatro perpetuo del que es imposible alejarse si no queremos sentir que somos invisibles. El verdadero problema de la humanidad siempre ha residido en el miedo, pero hoy existe una clase de miedo completamente nuevo, y precisamente los que tienen el poder, saben como jugar con él. El miedo actual es a la soledad, y la soledad conlleva la falta de reflexión, y la falta de reflexión, el escaso juicio crítico, y el escaso juicio critico da lugar al conformismo, y el conformismo como consecuencia de todo lo demás, es la perfecta mezcla para ser una entre las miles de marionetas que conforman el sistema. Por todo ello, soy firme defensora del silencio. Y no del silencio simplemente como una ausencia de ruido externo, sino del silencio interior, ya que como mencioné al principio de este texto, es el único cauce posible para saber quiénes somos, quiénes queremos ser y sobre todo, porqué somos esa persona que hemos ido perfilando a lo largo de los años. En soledad, descubriremos cada uno de esos puntos débiles y fuertes que se esconden detrás de nuestra máscara, y tras un largo y sobre todo lento proceso, seremos conscientes de que querer escapar de nosotros mismos es el principal problema al que nos enfrentamos. 

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