El mito del carro alado

Por Ionut [@ionutoanceaoprea]

Dos corceles, uno blanco, uno negro, y un auriga. El primero, ama la gloría, tiene pasión por el honor, obedece sin castigo, va con la cabeza erguida. El segundo, es tosco, desplomado, furor y vanidad respira. No ve por sus ojos ensangrentados. Siempre se desvía. Este pasa de todo furioso. No quiere estar en las buenas manos del guía. El primero, en cambio, es la pureza, el lado de la sabiduría.

En nombre de la razón, quiero abrir una reflexión. Levanta una estatua en tu corazón. No te precipites a las tinieblas subterráneas. Pasa una vida brillante y dichosa en eterna unión. Siente este dulce calor que nutre el vuelo de las alas del alma. Nada en la alegría con amor, porque sin el, vagas en una caverna perdiendo la calma. ¿Acaso no entiendes nada de los repliegues de la vanidad encantada? Desconsuela y equilibra porque se esta hablando de ti. Tu eres el auriga. 

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