Hacia una poética del siglo XXI

Daniel García Cortés y Javier Correa Román

Es algo evidente que el arte contemporáneo es una práctica exploradora de sus propias posibilidades. Lejos de mantenerse en los férreos grilletes al que el Arte clásico (en mayúsculas) le condenó, el pájaro salió de la jaula y explora todo un sinfín de posibilidades. Tantas, que incluso se acabó matando al padre-artista (Cfr. Barthes). En este momento de vorágine experimental surge, con una fuerza estrepitosa, la pregunta de si lo que se llama arte es o no es arte. Con este nuevo contexto la vuelta a los clásicos parece más fructífera que nunca, en pos de encontrar una nueva teoría. El objetivo de este artículo es abrir un debate sobre las poéticas del siglo XXI a través de un diálogo con la Poética de Aristóteles. El lector encontrará que más que cerrar con grandes conclusiones, se abre con pequeñas preguntas. Es así como queremos abrir este diálogo.

Si el arte es algo para Aristóteles indudablemente es imitación:

El poeta, por ser un imitador, justamente como el pintor u otro artífice de la apariencia, debe en todas las instancias por necesidad representar las cosas en uno u otro de estos tres aspectos: bien como eran o son, bien como se dice o se piensa que son o parecen haber sido, o bien como ellas deben ser” (Aristóteles: 1460B)

Con este fragmento el estagirita, en su obra dedicada al arte, afirma que todo arte, sea el que sea es una imitación del pasado, del presente, del futuro y del ideal. ¿Es esto así? Como toda pregunta que conlleva la opinión del ser humano la respuesta no es un sí rotundo o un no directo, más bien nos movemos en el mundo de los grises, de las escalas, de la graduación. Y esta afirmación que parece nimia esconde algo muy relevante para entender las poéticas de la actualidad: el arte es escalar y no absoluto.

De tal manera que establecer qué distingue al Arte de lo que no, supondrá establecer unos criterios (¿igualmente importantes?) para ordenar el Arte. Hacer una escala del arte permitirá varias cosas pero la más importante es que podrá dar cabida a actividades limítrofes que hasta hace poco no se consideraban Arte.

Un primer criterio puede ser la intencionalidad del artista. Es evidente que el arte en general tiene que salir de algo, un artista tiene una inspiración para crear su obra. Este criterio permite desterrar, o devaluar, todos eso criterios artísticos no-humanos. ¿Es Arte una puesta de sol? Afirmar tal cosa quizá es síntoma de una confusión entre el Arte y la Belleza.

Sin embargo… ¿Es siempre imitación? Una poética del siglo XXI debe tener en cuenta las denuncias hechas por el surrealismo y otras vanguardias (ya clásicas) de que todo intento por representar la realidad es un intento encubierto de ocultar otra realidad. Dos soluciones se nos ocurren para este criterio:

  • Si el arte es imitación debe abandonar toda pretensión de representar a una realidad externa objetiva. Por ejemplo, el Guernica no puede erigirse como una fiel representación de la realidad. La imitación del horror debe asumir siempre unos filtros de subjetividad, de contexto social, de ideología y de interés. Si el arte no es algo, no es reflejo.
  • En segundo lugar, por ser la imitación en proceso de aexactitud (más que inexactitud) las poéticas del siglo XXI deben saberse como procesos de creatividad. El fuerte peso de la imitación en la Poética aparca (aunque ciertamente no olvida) el peso del ingenio y de la creación de lo nuevo en el arte. En pleno siglo XXI las poéticas si son algo son nuevos caminos más que lugares de llegada, son posibilidades, más que hechos.

Otro criterio para distinguir o clasificar (aceptando esa escalaridad) el arte es una diferencia lingüística (¿puede que sea el criterio más objetivo?) que implica unas características propias como: figuras retóricas, metáforas, antítesis, paradojas, comparaciones aliteraciones y un largo etc… Se podría decir que estos recursos que aparecen una y otra vez en cualquier poesía, con diferencia de cualquier juicio de valor, hace que sea arte pues es un lenguaje diferente un juego con las palabras. En otras palabras, el propio lenguaje del arte le hace arte por implicar una creatividad en la estructura (pues las metáforas muchas veces son creadas de novo).

Desde esta visión en la cual nos fijamos en la técnica y en la estructura podemos decir que cualquier cosa es arte si usa esas técnicas pero ese punto de vista hace que llamemos arte a cosa que seguramente la mayoría de la gente no considerase arte, por ejemplo se podría considerar arte el pareado más obsceno que se nos ocurra o la metáfora mas simplona. Es por eso que creemos necesario recordar a estas alturas que una gradación de los criterios del arte (establecer una escala de más o menos arte con criterios igualitarios) nos permite evitar las siguientes aporías: ¿es sólo arte algo que usa otro lenguaje? ¿es sólo arte algo que imita? etc… Es decir, las preguntas de distintos criterios que aspiran a tornarse definitivos.

Por último, y no por ello menos importante, nos gustaría cerrar esta lista de criterios reutilizando la catarsis de Aristóteles (Poética: 1449b):

Una tragedia, en consecuencia, es la imitación de una acción elevada y también, por tener magnitud, completa en sí misma; enriquecida en el lenguaje, con adornos artísticos adecuados para las diversas partes de la obra, presentada en forma dramática, no como narración, sino con incidentes que excitan piedad y temor, mediante los cuales realizan la catarsis de tales emociones”.

Creemos firmemente en este criterio como necesario, aunque nunca suficiente, para permitir la entrada de una poética al Arte. Sin embargo, al no ser suficiente, se necesita examinar el resto de los criterios. Esta pluralidad de criterios permite bordear la pregunta de ¿Todo lo catártico es arte? Por tanto: ¿El porno y la violencia? Quizá sea parte de un supuesto presente en toda la historia del pensamiento estético que el arte debe equivaler a la belleza pero ¿y si el arte es cruel? ¿Ya no será Arte? ¿Debe el arte independizarse de la moral? Preguntas como estas son las que esperamos abrir en este debate de las poéticas del siglo XXI.

A modo de ilustrar qué el arte puede estar escalado, nos gustaría dejar dos poemas para que el lector con los criterios aquí dejados pueda pensar estos dos poemas:
 

Vientos del pueblo me llevan,

vientos del pueblo me arrastran,

me esparcen el corazón

y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,

impotentemente mansa,

delante de los castigos:

los leones la levantan

y al mismo tiempo castigan

con su clamorosa zarpa.


No soy un de pueblo de bueyes,

que soy de un pueblo que embargan

yacimientos de leones,

desfiladeros de águilas

y cordilleras de toros

con el orgullo en el asta.

Nunca medraron los bueyes

en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo

sobre el cuello de esta raza?

¿Quién ha puesto al huracán

jamás ni yugos ni trabas,

ni quién al rayo detuvo

prisionero en una jaula?

Vientos de pueblo, Miguel Hernández

Es muy dificil olvidar

a alguien que llega

y te llena cuando estás

vacío por dentro

Anónimo

BIBLIOGRAFÍA

Barthes, R. (1987). La muerte del autor. El susurro del lenguaje, 65-71. Aristóteles, (2010) La Poética. Alianza

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