Estructuras

Por Yuliana Desoria @yulidesoria [Instagram]

Actualmente vivimos en un “lugar habitable” donde irradia la hipocresía, donde vales más por lo que no sos que por lo que sí sos. Todos estamos sometidos a una cárcel, donde los deseos se reprimen, donde el significado de la vida es la resignación, donde ser débil es una opción aceptable más que luchar.  En este lugar somos incapaces de oponernos a las ideologías que se nos impone, porque de lo contrario somos libres. Pero no suena mal, ¿no es así? Es curioso pensar que nuestra vida se guía de un concepto donde prevalece la resignación sobre el instinto de vivir.

A través de todos estos años, el ser humano “vivió” resignado, sometido al dolor, sometido a ideologías, sometido a la negación de su propio yo. Esta idea se hizo tan popular, y bien vista, porque creyó eliminar todo lo incorrecto, sin pensar que existiría la existencia de aquellos no correctos.

Se opuso la vida como significado de sufrimiento, porque más que bello reflejo, se convirtió en una falsa muestra de lo que somos. Se convirtió en el lado oscuro que todos pretendían ocultar.

Con el paso del tiempo, las personas aprendieron a apreciar la oscuridad, porque no sólo se componía de la nada, se componía de las almas que tanto brillaban y se quedaron calladas, pero no porque querían, sino porque fueron obligadas.

La luz del día siempre los debilitó, el nuevo amanecer era otra lucha, todos los meses, años, era una lucha constante en lo que se quiso ser y lo que se nos impuso ser. La lucha de no reprimir nuestros instintos, y actuar en base a los sentimientos.

Pero si sentías, eras débil, si sentías eras vulnerable, si sentías eras algún tipo de criatura sobrenatural, pero nadie notó que esa criatura sólo era vista de día.

Las cosas se clasificaron, catalogaron, etiquetaron, perdieron valor. Pero esa pérdida de valor iba dirigida para cada uno de los géneros. Los géneros, que eran uno y dos. Tu sexo que indicaba tu género, porque biológicamente era así, y así era correcto.

La ropa, color, diseño, talle, todo eso, indicaba a quien debía ir dirigido, pero si portabas algo que no te correspondía pasabas a ser otra criatura, pasabas a ser esa persona que no merecía el cielo solo por no portar lo que te correspondía. Y así con todo, con los colores, los olores, las personas e incluso valores, acompañado de esto los comportamientos.

Llegamos a tal punto de tener una vida tan estructurada que se rompió, perdió su esencia y junto con ella, la gente.

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