¿Debemos depender de la opinión pública?

Por @jlwrite20 | Javier López | Para Colectivo Mentes Inquietas

La mayor parte de nuestras opiniones son creadas por las palabras y las fórmulas, mucho más que por la razón

Gustave Le Bon (1841-1931)

Este escrito comienza con una frase que tiene relevancia en el siguiente caso que voy a comentar. Cada uno de mis escritos que redacto, suelen tener alguna frase y una moraleja y en esta ocasión, no podía faltar una reflexión final. Cuando somos pequeños, hay momentos en que hablan de nosotros (ya sea para bien o para mal) y como eres pequeño, apenas reconoces lo que significa la opinión pública (también conocido como “lo que hablan de ti”). En la adolescencia, empiezas a tener en cuenta la opinión de los demás y crees que te aconsejan pero no suelen ser consejos sino obligaciones. Hay ocasiones en las que te da miedo expresarte con naturalidad por lo que puedan pensar de nosotros pero una vez que abandonas todo ese ciclo educativo tedioso, uno se siente libre con lo que hace, con lo verdadero y único de cada momento.

Esta situación me pasó a mí. Al principio, no le daba importancia a las opiniones de los demás. Después, en mi adolescencia, eran críticas y obligaciones (que creía que eran consejos). Y así hasta que llegué a la universidad, y por fin, me sentí libre. Y te preguntarás: ¿por qué? En términos generales, mi vida no ha sido correcta ni tampoco perfecta. He atravesado por momentos duros y complicados que no dejan de ser retos que la vida te pone en tu camino. Como toda etapa académica, tiene sus momentos buenos y sus momentos malos y también he luchado mucho por conseguir amigos que te comprendan, que te apoyen en tus decisiones, que sabes que no te abandonarán y, considero que es lo más importante en cualquier caso.

A día de hoy, no tengo miedo a expresarme porque no tengo en cuenta a la opinión pública y, como estudiante de comunicación audiovisual considero que la opinión pública solo está presente en el ámbito profesional (cuando se obtiene un puesto de trabajo) y no en el ámbito personal. Puedo afirmar que la opinión pública no está totalmente presente en mi vida personal. De hecho, gracias a los mensajes de apoyo y gente cercana con las que he hablado mucho, he salido del armario y no tengo miedo a decir que soy gay. El motivo por el cual no lo dijera antes de mi llegada a la universidad era que todavía era alumno en mi antiguo colegio. Era un colegio de corte católica, tradicional y austera, que si te salías un milímetro de lo “normal”, ya te miraban como alguien extraño o raro. Y además, en esos años, no tuve la fuerza suficiente como para decirlo a voz plena ni tampoco a las personas adecuadas para poder contarlo. Entonces, nos hacemos una pregunta: ¿Qué importancia le damos a la opinión pública?

En mi caso, no le doy la importancia que se merece a la opinión pública porque no siempre puede estar en todos los ámbitos de la vida. Ante todo, debe existir un mínimo de ética y respeto en la vida ajena. Con lo cual, la moraleja de este escrito es dejar a un lado la opinión pública porque sabes que no te repercute en tu vida diaria y no puede estar presente siempre. Aunque pueda sonar utópico, debemos ser ciudadanos que respeten los derechos y libertades de otras personas y no comentarlo todo sobre lo que hacen otras personas.

A modo de conclusión, te hago una pregunta como lector para que recapacites sobre lo que has leído. ¿Crees que tengo tan en cuenta la opinión pública? Yo digo que la respuesta sigue siendo no.

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