Philía, Paideia y autoconocimiento en Aristóteles

                                                                                                  Naim Alonso / @naim.alonso

¿Y qué mayor virtud encontramos en la vida como el crecimiento a través del phílos? Es ese viajero, ese acompañante de camino que pisa a tu lado, que comparte las mismas dificultades y sobrepasa los obstáculos en la unívoca ruta de viaje. Es nuestro amigo. Desde que nos ensimismemos en conocer el desarrollo del término philía en la ética aristotélica, hemos de conocer que esta palabra se nos queda corta. Y es que la amistad, por sí misma, no abarca toda la riqueza de esta palabra. Nuestro phílos nos enriquece en el día a día, nos ayuda a conocernos cada vez más, nos complementa. Es complejo de asimilar con nuestro vocablo, por lo que iremos realizando un recorrido paso a paso para nutrirnos de este planteamiento-pilar aristotélico.

Podemos partir desde una definición clara de Montaigne, de cómo funciona nuestra amistad:

«Lo que ordinariamente llamamos amigos y amistad no son más que uniones y familiaridades trabadas merced a algún interés (…) la amistad de que yo hablo, las almas se enlazan y confunden una con otra por modo tan íntimo, que se borra y no hay medio de reconocer la trama que las une»(1)

De esta manera que nos expone el autor, basándose en una clara concepción aristotélica, hemos de tener en cuenta que nuestra amistad hoy en día está claramente empobrecida. En primer lugar, a nivel teórico, por la simplicidad de nuestro vocablo. Como expresa Nussbaum, Aristóteles se refiere a vínculos con diversos grados de hondura e intimidad, pero cuando habla de la philía incluye los afectivamente más intensos, incluso la pasión sexual o el amor entre madre e hijo. (2) Existe, por lo tanto, una amplia amalgama de relaciones en el concepto philia.

En segundo orden, nuestro concepto de amistad actual se empobrece por la praxis. En ocasiones, está basada en la adulación del otro, en la búsqueda del propio yo –como una autoafirmación del ego–, poco basados en el disfrute de la amistad per se. Y ya nos lo advierte Aristóteles en su Ética a Nicómaco. El filósofo diferencia entre tres tipos de amistad y subraya cuál sería esta amistad verdadera.

Aristóteles parte de la base de que «la amistad es una virtud o algo acompañado de virtud, y, además es lo más necesario para la vida. En efecto, sin amigos nadie querría vivir, aunque tuviera todos los otros bienes» (3). Desde su perspectiva, no se entiende la vida sin la amistad. Conocemos que el thelos de la vida misma sería la eudaimonía, y esta, precisamente no se consigue sin haber descubierto la amistad verdadera. Sin duda alguna, «el hombre feliz necesitará amigos virtuosos» (4). Pero, ¿es válida cualquier tipo de amistad? Aun existiendo diferentes tipos de philía, cada una de ellas con sus vicios y problemáticas concretas. Para Aristóteles la amistad perfecta se basará en la igualdad. El ser iguales por derecho genera que la amistad sea enriquecedora en sí misma. De esta forma, la amistad entre desiguales generará conflicto. Este conflicto siempre estará basado en la dependencia del otro en cuestiones de honor, de dinero u otros aspectos. Partiremos, entonces, de la premisa de que la igualdad es la base clave de toda amistad. (5)

Pero en la ética aristotélica no solo se nos describe cómo es la amistad y qué tipo es la mejor. También, se nos advierte de ciertos aspectos a tener en cuenta para el desarrollo de una amistad verdadera. Destacaremos los consejos o advertencias más interesantes. Por ejemplo, se nos indica que «aquellos que en sus relaciones amorosas intercambian no lo agradable sino lo útil, son menos amigos y por poco tiempo. Y los que son amigos por interés deshacen la amistad cuando termina la conveniencia» (6). Nos plantearemos, de esta manera, que la amistad no puede ser buscada mediante la conveniencia de una u otra parte, es decir, de un interés particular egoísta que no sea el bien del otro. Sobre esto, Montaigne nos complementaría aportando la idea de que la amistad, siendo perfecta, es indivisible. Nos daremos del todo y con todo. De hecho, no quedaría nada para darles a otros (7).

También, Aristóteles nos planteará la posibilidad de la ruptura de la amistad. ¿Cómo afrontaría el filósofo la idea de dejar partir a alguien, a un amigo? Hemos de hacer una diferenciación entre el amigo que ha cambiado y se ha vuelto distinto a como lo conocimos y el amigo que falla. Si contemplamos la opción de que un amigo se equivoca y podemos enmendarlo, ayudándolo o corrigiéndolo, para Aristóteles esa salida sería la correspondiente a una verdadera amistad. Sin embargo, no actuaríamos, o no convendría actuar así si el amigo ha cambiado irremediablemente para mal:

«Si uno acepta a alguien creyendo que es bueno y luego se vuelve malo y lo parece, ¿deberá seguir queriéndolo? (…) Lo malo ni es digno de ser amado ni debe amarse»(8)

Aristóteles, en su discurso, insistirá también en el amor propio. El hombre que no es capaz de amarse a sí mismo, no entenderá en qué consiste el amar al otro, el darse del todo al otro, sin antes haber experimentado en una justa medida el amor propio.

En referencia a ese ego en la relación filial, hemos de tener en cuenta el concepto de autoconocimiento de Aristóteles. Vemos, que es complejo el conocimiento de nosotros mismos desde nuestra propia óptica, es decir, necesitaremos de otros que nos ayuden a ver en qué fallamos, en qué podemos crecer, que comprendan nuestras actitudes y nos acompañen en el reconocimiento de cómo somos verdaderamente. Esta idea Nussbaum la recoge de una forma clarividente:

«No nos damos cuenta de nuestras faltas porque estamos cegados por la parcialidad y nuestros propios sentimientos, preocupaciones e intereses. En consecuencia, es útil examinar las pautas del buen carácter en otra vida buena (…). Esta mirada reflexiva a otros modelos acrecienta el conocimiento que tenemos de nuestro carácter y aspiraciones, mejorando nuestra autocrítica y agudizándonos el juicio» (9).

Ese phílos o amigo, al que hace referencia Nussbaum, será clave en la formación del propio sujeto. Así, Aristóteles entiende el crecimiento como un proceso permanente que necesita apoyo del exterior. Es, hasta este punto importante la relación de nuestro phílos con el crecimiento del propio yo, que Aristóteles también destacará la habilidad de la benevolencia en esta relación. Esto significa que la verdadera amistad parte de una visión constante a la necesidad del otro, querer su bien. También nos recordará Martha Nussbaum la imposibilidad de denominar como philía a una relación en la que no existe auténtica benevolencia hacia la otra persona por ella misma (10).

Este conocimiento que poseemos de nosotros mismos a través de la mirada buena del otro enriquece enormemente nuestra relación con el mismo y, también, con nuestro propio yo. Y esto nos recuerda el tema que también apuntará Aristóteles: ¿sólo un phílos o podemos ser amigo de muchos? Esta cuestión la responderá tajantemente el mismo filósofo diciendo que uno mismo debería sentirse satisfecho por tener pocos de esos amigos (11). Con una variedad ingente de amigos, no podríamos vernos reflejados, ya que existiría una dispersión en las relaciones.

De igual manera, en Aristóteles el término paideia cobra también sentido a raíz de la reflexión de la philía. Y es que Emilio Lledó nos recordará que lo importante fue para él sentirse amigo de sus alumnos durante su época de enseñanza en la Universidad12. Existe, también en la educación, en la formación de los individuos, en la paideia, la necesidad de que esta esté basada en el afecto. Citando a Kant, Emilio Lledó advierte que «el ser humano es lo que la educación hace de él» (13). Será entonces la educación la capacidad de comunicar el vivir.

Esta educación debe darse desde la juventud, como dice Platón, para aprender el placer y dolor, lo que conviene y lo que no. Esta es la educación buena (14). Y, realizándose esta educación a través de «la formación de los hábitos para posteriormente reforzarlos por medio de la razón» (15). Anotaremos que a través de los hábitos, Aristóteles justificará la realización de leyes que los inculquen.

Y es que, la realización del individuo, su eudaimonía, y esta es la clave, ha de ser una conjugación de estos elementos. Ser educado, desde joven, con una buena educación basada en la philía, acompañando al que se educa. Esta enseñanza de la vida, comprobará en el futuro una buena y duradera relación filial, que ayude al individuo a autoconocerse cada día más y a disfrutar de una vida totalmente plena. Reconocemos, al igual que Emilio Lledó, que Aristóteles sigue siendo ese «libro que se reaviva» (16) cada vez que leemos y que nos es bueno y clave en la cotidianidad de nuestra propia existencia.

1 MONTAIGNE, MICHEL DE, De la Amistad, Ensayos, Madrid, Cátedra, 1996, p.123
2 Cfr. NUSSBAUM, MARTHA, La vulnerabilidad de la vida buena del ser humano: los bienes relacionales. La fragilidad del bien, Madrid, Visor, 1995, p.443

3 ARISTÓTELES, Libro VIII, Ética a Nicómaco, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2002, p.323
4 ARISTÓTELES, Libro IX, Ética a Nicómaco, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2002, p.373
5 Cfr. ARISTÓTELES, Libro VIII, Ética a Nicómaco, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2002, p.349-351

6 ARISTÓTELES, Libro VIII, Ética a Nicómaco, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2002, p.330
7 Cfr. MONTAIGNE, MICHEL DE, De la Amistad, Ensayos, Madrid, Cátedra, 1996, p.125
8 ARISTÓTELES, Libro IX, Ética a Nicómaco, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2002, p.357-358

9 NUSSBAUM, MARTHA, La vulnerabilidad de la vida buena del ser humano: los bienes relacionales. La fragilidad del bien, Madrid, Visor, 1995, p.453
10 Cfr. NUSSBAUM, MARTHA, La vulnerabilidad de la vida buena del ser humano: los bienes relacionales. La fragilidad del bien, Madrid, Visor, 1995, p.445
11 Cfr. ARISTÓTELES, Libro IX, Ética a Nicómaco, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2002, p.374
12 Cfr. EMILIO LLEDÓ, Reportaje de RTVE: Pienso, luego existo – Emilio Lledó, 2 de octubre del 2011, 8’50
13 Cfr. EMILIO LLEDÓ, Reportaje de RTVE: Pienso, luego existo – Emilio Lledó, 2 de octubre del 2011, 9’05’’
14 Cfr. CALVO MARTÍNEZ, TOMÁS, ¿Por qué y cómo educar? Paideía y política en Aristóteles, Δαιμων. Revista de Filosofía, no 30, 2003, p.14
15 CALVO MARTÍNEZ, TOMÁS, ¿Por qué y cómo educar? Paideía y política en Aristóteles, Δαιμων. Revista de Filosofía, no 30, 2003, p.16
16 Cfr. EMILIO LLEDÓ, Reportaje de RTVE: Pienso, luego existo – Emilio Lledó, 2 de octubre del 2011, 25’

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